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Columnas a partir de lo trabajado en el Conversatorio “Cortemos por lo sano”


Medicalización y patologización

Por Dra. Ps. Adriana Cristóforo
Uruguay


Al organizar el Conversatorio entendimos necesario contar con este espacio de conceptualizaciones con la idea de partir de un cierto lenguaje en común, explicitar nuestro punto de vista en relación a que nos referimos cuando hablamos de medicalización.

Antes de proponer posibles conceptualizaciones del término medicalización entiendo importante precisar en primer lugar que es un fenómeno complejo que involucra diversas dimensiones, en segundo lugar, que es un fenómeno social y cultural, es decir, no se trata de algo que involucre exclusivamente a un sector de la sociedad en este caso a los médicos. Por el contrario nos atraviesa a todos y cada uno de nosotros, en nuestras prácticas profesionales y en nuestra vida cotidiana, la gran mayoría de las veces sin que tomemos conciencia de ello.

Como proceso social que es, no podemos poner una fecha de inicio, si bien los diversos autores lo ubican en una época del siglo XVIII en la que la medicina comienza a ampliar su área de acción a cuestiones que refieren más a la conservación de la salud, como la condiciones de la vivienda, el saneamiento, la alimentación, etc.

Abordaré tres definiciones que enfocan en distintos aspectos del fenómeno y tres formas en las que se hace más visible o son más habituales en su presentación.

La noción más habitual del término es la que formuló Conrad y se refiere a “cuando un problema es definido en términos médicos, es descrito usando un lenguaje médico, es comprendido a través de la adopción de un marco médico, o es tratado con una intervención médica” (Conrad, 2007, p. 5).

De esta forma problemas no médicos, económicos, sociales, vinculares, familiares, entre otros, pasan a ser definidos y tratados como “problemas médicos”, ya sea bajo la forma de “enfermedades” o de “desórdenes”.

Desde esta perspectiva se elimina la complejidad de los problemas humanos reduciéndolos a una única forma de comprenderlos, si no la única, si la dominante. Quiero subrayar esta idea de una única forma de entenderlos y vincularlo con lo que antes decía que es un tema que nos involucra a todos. Me voy a referir a prácticas de mi propia disciplina. Cuando como psicóloga considero un problema exclusivamente como psicológico y/o lo entiendo solo en términos de salud-enfermedad también lo estoy comprendiendo desde un paradigma medicalizador.

Una segunda definición en este caso la que realiza el Fórum sobre Medicalização da Educação e Saude, agrega otros elementos:

Se entiende por medicalización el proceso por  medio del cual las cuestiones de la vida social- complejas, multifactoriales y marcadas por la cultura y por el contexto histórico- son reducidas a un tipo de racionalidad que vincula artificialmente las dificultades de adaptación a las normas sociales, a determinismos orgánicos que se expresarían como enfermedades del individuo (2015, p.11)

Esta definición incorpora otras dimensiones: la importancia del contexto, la inclusión de las dificultades de adaptación a las normas y el lugar que han adquirido los determinismos orgánicos. Yo acá agregaría una precisión a discutir,  la adaptación a las normas sociales también es una noción que hay que revisar sobre todo cuando hablamos de jóvenes y adolescentes, justamente porque puede derivar en procesos de patologización.

La medicalización como proceso social tiene una dimensión normalizadora, es decir demarca que es lo normal y que no, que en general se decodifica como anormal, que es lo sano y que no (téngase en cuenta que por esta época aparece Gauss y sus criterios estadísticos de lo normal)

Decía anteriormente que la medicalización es un fenómeno que atraviesa nuestra vida cotidiana. Tomando este aspecto el Dr. Álvaro Díaz (2014) dice que “El término “medicalización” se refiere a un  proceso de impregnación social de todo lo vinculado a la medicina. La medicalización está presente en el lenguaje cotidiano (por ejemplo: “la sociedad está infectada de delincuentes”, “es necesario hacer diagnóstico de la situación económica”, “hay que cortar por lo sano”)”(p.125). Como consecuencia, o derivado de esto, estamos permanentemente bombardeados de “productos sanos” o que mejoran nuestra salud”. Ya no compramos un yogurt porque es el que más nos gusta sino porque es el más sano, o no salimos a caminar porque nos da placer sino porque es sano, hasta bailar es bueno para la salud física y mental según reza el cartel de un gimnasio y academia de baile. No es que este mal preocuparse por la salud, lo que quiero poner de manifiesto es que el fenómeno de la medicalización está tan presente en nuestras vidas que la preocupación por la salud ha sustituido al placer de hacer algunas cosas.

La contracara de esta búsqueda, a mi modo de ver exacerbada, por estar sano, es la amenaza y el riesgo a enfermar, lo que se vincula con lo que se ha llamado epidemiologia de los factores de riesgo.

Esto del lugar en nuestra vida cotidiana y nuestras costumbres que planteo es una de las 3 formas en las que se manifiesta o se expresa la medicalización, a las que me refería antes.

Otras dos formas, referidas más a las prácticas en el sistema de salud, son la medicamentalización o farmacologización y la patologización

En relación a la primera solo puntualizar que se refiere al uso de medicamentos como única medida terapéutica o como medida privilegiada. Frecuentemente el término medicalización es utilizado en este sentido, pero no son lo mismo y es conveniente discriminarlos ya que la medicalización es un fenómeno más amplio y que no siempre está vinculado a los actos de medicar.

La patologización por su parte refiere a la inclusión de un fenómeno normal en la categoría de enfermedad. La dependencia de niñas, niños y adolescentes hace que queden sujetados a las significaciones que los adultos les otorgan a sus conductas y expresiones. En el contexto de la medicalización, fenómenos o conductas que son sólo expresión de fenómenos familiares, sociales, económicos o culturales, o simplemente expresión de subjetividades de la época, pueden significarse como enfermedades o expresión de patologías.

La patologización se expresa de dos formas:

          – en la necesidad de diagnosticar o incluir en categorías diagnósticas toda conducta que no forma parte de lo “esperado” por los adultos. Cada sociedad sostiene ideales de cómo deben ser los NNA.  De aquí que, cuando no cumplen este ideal se sancionan como no normales. De esta forma se diagnostican comportamientos o acontecimientos que no son más que manifestaciones de la forma de ser de jóvenes y adolescentes, o bien son reacciones saludables antes situaciones vitales como conflictos familiares, escolares, presiones sociales, etc.

          – la otra forma en la que se manifiesta la patologización, consecuencia de la anterior, es poniendo en el centro de todas las acciones  a las niñas, niños y adolescentes que presentan tales conductas, significándolos como problemáticos y descontextuando dichas conductas de los factores familiares, sociales, económicos y culturales. Es decir se individualizan y personalizan los problemas y queda el NNA como el único responsable.

En la medida que la medicalización como decíamos es un fenómeno cultural, los mecanismos que la sostienen hacen que ahora todos nos sintamos capaces de diagnosticar o nos creamos con autoridad para hacerlo, así como también para sugerir el consumo de determinado medicamento.

Una de las dimensiones que este fenómeno tiene es que aumenta la consulta a los profesionales de la salud, incluso por problemas que no son de salud, y los profesionales de la salud nos vemos impelidos a dar respuestas sanitarias., formando un círculo vicioso.

Como dice el autor de un Mundo Feliz La investigación de las enfermedades ha avanzado tanto que cada vez es más difícil encontrar a alguien que esté completamente sano. (Aldous Huxley)

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Conrad, P. (2007). The medicalization of society: On the transformation of human conditions into treatable disorders. Johns Hopkins University Press

Diaz Berenguer. A. (2014). Medicalización de la sociedad y desmedicalización del arte médico. Archivos de  Medicina Interna,  2014; 36(3):123-126

Fórum sobre medicalização da educação e saude. (2015). Recomendações de práticas não medicalizantes para profissionais e serviços de educação e saúde. Brasilia: Setor de Administração Federal Sul (SAF SUL). Disponible en: https://n9.cl/pbdz 

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